Mar 16 2008
¡HOSTias un gerente!
O también llamado “manager” en empresas como ‘Assuranceturix ‘ o ‘Demerix’ –verdaderas academias de gerentes-, esta figura representa el interlocutor válido entre el desarrollo y la tecnocracia. Como en el ejército tienen dos orígenes: chusqueros y de carrera; siendo más peligrosos estos últimos por motivos que se describen a continuación.
El gerente chusquero es el que lleva trescientos millones de años en aplicaciones de tipo ‘trilobyte’ y ha ascendido a base de trienios, sinsabores y horas dedicadas a la empresa, la cual, por otra parte, no es otra cosa que el resultado de múltiples absorciones, fusiones y cambios de chiringuito para al final tener un nombre anglosajón ininteligible de lo que anteriormente fue Cascotazos Ibéricos S.L.
El estereotipo de este personaje es un hombre que frisa la cincuentena, alopécico, traje Cortefiel y sobre todo se identifica porque se acerca a las mesas abrazando una carpeta con el logotipo de turno y preguntando ¿qué tal? ¿es IMS DC o DB?; y antes de recibir la respuesta ya se ha ido a otro sitio a preguntar otra chorrada por el estilo. Como se puede observar es absolutamente inofensivo de ahí que nadie le haga ni puñetero caso.
El de carrera es peor, es más cabrón (o más puta, porque aquí se dan los dos géneros) y está mejor preparado; pero vive menos que el anterior – en cuanto llena el zurrón se va-.
Con ropa de marca y afición por los coches caros en cuatro o cinco años consigue lo que el anterior en treinta, ahora bien, a precio distinto. En general, su peor edad coincide con su nombramiento como gerente ya que intenta hacer pasar a los demás por lo que él/ella pasó: jornadas estajanovistas, presión psicológica, compromisos inalcanzables, sacrificio de la vida personal e incluso alguna que otra clase de solfeo con flauta travesera.
Si usted es un informático de fortuna y se topa con un gerente de carrera con el perfil anterior, átese bien los machos porque el proyecto se puede convertir en un auténtico Guantánamo y experimentar el famoso “Síndrome de Estocolmo” donde todo lo que le digan le puede parecer incluso razonable. Si por el contrario tiene usted una ambición desmedida y poco o ningún aprecio por sus seres queridos, ese es su proyecto, ese es su trampolín hacia el estrellato y será la envidia de todos sus vecinas cuando le vean pasar con “ese pedazo de carro”.