May 19 2008
Hostorias de tiempo libre
No todo en la vida es host, existen momentos en el devenir de un proyecto en que a grandes esfuerzos sobrevienen grandes etapas de descanso y ocio, generalmente ocasionadas por la clarividencia del planificador/gerente que, siendo generoso, le suele quedar grande el puesto.
Ante esto hay varias opciones, o bien pedir denodadamente un cambio de proyecto/asignación o bien dedicarse a esperar que el ocio se convierta en negocio (sobre todo para algunos). Si uno no es un trepa vocacional o no tiene dotes para la música de viento optará por lo segundo, es decir, a pajarear física y/o mentalmente.
Llegar por la mañana sin tener nada que hacer se puede convertir en un infierno si no somos capaces de distribuir el tiempo adecuadamente. En primer lugar, conviene tener hecho un grupo de gente con gustos afines incluido el del trabajo, lo que convertirá la primera parte de la mañana en un ir y venir ‘a’ y ‘de’ la cafetería, poniéndonos al día de resultados ligueros, chismes de oficina y series de T.V. A continuación ya en nuestro escaño y siempre que contemos con el uso de internet pasaremos revista a los periódicos locales (muy del gusto de los de provincias), a los blogs de chorradas que escriben los compañeros, consulta y réplica de correo con alguna fotillo picantona y, si se da el caso, alguna gestión del banco tipo transferencia, consulta de saldo…etc. De no contar con internet, se hace lo mismo pero menos globalizado, es decir, con los compañeros más cercanos…de ahí que sea un error restringir el acceso a internet ya que si uno está ocioso y se aburre hace que el resto se convierta al ocio, mientras que con el “explorer” se ‘pierde uno sólo’ – logística pura- y no sacrificamos al resto.
De esta manera llega la hora de comer que siempre es algo más cuando las aguas bajan mansurronas, ni importa esperar para coger mesa, ni importa tomar un chupito y tampoco importa comer de más; lo que inevitablemente convierte las tardes en plomizas y calurosas (aunque sea invierno), con la ropa oliendo a macedonia de fritos y en el paladar un regusto a licor de hierbas que no se va ni a tiros; pero lo bueno es que ya estamos en disposición de ‘matar el día’.
El día concluye con una última visita al excusado donde, mientras se alivian los excesos del mediodía, entre sonoras tracas carbónicas, canutos de papel vacíos y quemaduras de fumadores furtivos; no podemos pensar en otra cosa que no sea: “….y que nos estén pagando por esto” con la música wagneriana de la cisterna como telón de fondo. Hasta mañana.