Oct 06 2008
capitalismo en casa…
Llegó en estas uno de mis hermanos y me dijo que había hablado con nuestra madre y le había convencido de que la mejor opción para ella era permitirle cobrar por el uso de la terraza. ¿por qué?, porque si el cobra por el uso del resto de los hermanos Y padre de la terraza, se compromete a limpiarla y cuidarla sumándole a esto un precio (porcentaje) anual a pagar a nuestra madre. El compromiso es a todas luces ventajoso para ella, incluso para mi hermano que si se lo monta bien puede llevarse una pasta por limpiar de vez en cuando, especialmente antes de las revisiones que pueda hacer nuestra madre. Nosotros, como simples espectadores asistimos incrédulos a que la terraza que es de todos se la ha quedado mi hermano, y que ahora para poder por ejemplo, fumarte un cigarro mirando … la luna mismamente, tienes que pagar “el peaje”. Mi madre, que tiempo atrás comentó que para un mejor funcionamiento de la casa y poder afrontar costes varios como las conexiones telemáticas (que eufemismo mas chulo) nos comentó y convenció de que la mejor forma es aportar dinero entre todos y así, con esa bolsa que va aumentando poder afrontar reformas en la casa, comprar “el cable” como dicen los yankees para ver muchos mas canales, tener mejores muebles, universidad, idiomas, viajes, etc… ha creído conveniente llegar a privatizar la terraza para que así al tener un encargado nos aseguramos por un módico precio la limpieza y conservación así como la mejora de la terraza pueda dedicar parte de las aportaciones que hacemos todos en esos otros menesteres mas importantes que comentaba anteriormente.
Al principio la cosa fue muy bien porque como no se podía fumar en casa, existía costumbre de salir a la terraza a tomar el aire, a ver la tarde o a compartir una cerveza entre familia pagábamos con mas o menos gana hasta que mi hermano comenzó a quejarse porque el trabajo que debía realizar no le resultaba rentable al tener que invertir mas tiempo del que preveía lo que le impedía dedicarse a otros menesteres de los que hablaré a continuación. Ocurrió también que al intentar subir el precio, nuestras quejas llegaron hasta la matriarca del clan a la que tanta referencia hago, y que se despachó con un a mi no me liéis y que sea vuestro padre el que ponga orden que para eso está, de hecho a partir de ahora arregláis estas cosas con el. Quedando nuestro padre finalmente como el consorte y regente, primer ministro o jefe del gobierno, presidente de esa santa casa, que dictó sentencia decimonónica tal que así: de acuerdo, sube el precio pero poco.
Parecido a eso de “ahora vengo que voy a echarme la partida” que se oía mucho tiempo ha. Subió el precio mi hermano y tuvo tiempo para esos nuevos menesteres a los que antes me referí.