Oct 12 2008

capitalismo en casa II

Publicado por a las 11:39 en General


Desde que se libró de la terraza nuestra madre tenía un tiempo libre, no mucho puesto que la terraza supone el menor de los muchos esfuerzos que conlleva una casa, y recibió con agrado la propuesta de otro de mis hermanos, (en esta alegoría de la realidad somos muchos hermanos mas un padre y una madre n del a.) propuesta que suponía privatizar el … ¡chan tata chan! cuarto de baño, también conocido como el servicio, excusado o w.c., con su wáter, su ducha, su lavamanos y sus toallas, los cepillos de dientes y todo lo que había que quedó automáticamente enajenado a favor del nuevo propietario “legal”. Ocurrió básicamente lo mismo que con la terraza solo que los precios de partida ya eran mas caros pues los servicios eran mas requeridos, la oferta (1 baño) y la demanda (varios hermanos mas el presidente del gobierno y la madre que nos parió a todos, origen de la estirpe) hacían de este un pastel mucho mas jugoso que la susodicha terraza. Lo cierto es que el planteamiento fue el mismo, a cambio de una prestación monetaria y el control total así como asumir las labores de mantenimiento, optimización, adecuación y salubridad se quedaba  con el control y la facultad de poner precio al uso y disfrute del lugar.

 

Teníamos por tanto una situación nueva, la terraza y el servicio quedaban en manos de dos de mis hermanos, nuestra madre cobrara por esa enajenación de servicios y además cobraba por parte nuestra para la mejora de nuestra vida en común, y a nuestro padre sisando del saco con la aquiescencia de todos y cada uno que lo sabíamos pero no decíamos nada porque así estaba la cosa y así se quedaría, para eso era el actual jefe del gobierno o algo así.

 

Según iba pasando el tiempo, tanto nuestro padre como nuestra madre veían que a ellos les venía bien la situación, nuestros hermanos privatizadores estaban encantados y continuaron privatizando partes de la casa, y nosotros (los hermanos no propietarios) teníamos día si y día también que pagar para utilizar todas las partes de la casa privatizadas, y disfrutar cada vez menos de las partes no privatizadas, comenzando a compaginar estudios (que eran sufragados por nuestros progenitores) con trabajos que nos daban el dinero que cada vez mas nos costaba usar las partes de la casa antes comunes y ahora propietarias con lo que los estudios comenzaron a alargarse en el tiempo. Obviamente esta situación tenía una vida finita, los progenitores del clan pusieron el grito en el cielo y subieron la presión para obligarnos a un sobreesfuerzo dirigido a acabar cuanto antes con los estudios. Esta presión se trasladó al tema monetario, los gastos para sufragar dichos estudios subían conforme subía el tiempo que se precisaba y acabamos teniendo que aportar algo mas para el buen funcionamiento del conjunto.

 

Entonces fuimos nosotros los que nos quejamos, y el buen hacer paterno-materno-filial volvieron a rebajar la presión fiscal, que se trasladó obviamente a los que sacaban tajada de la extraña situación, y estos se quejaron pero a través de dos vías porque esa era su ventaja, por un lado protestaban a nuestros progenitores y por otro lado comenzaron a subir los precios…

 

Llegados a este punto tenemos que:

 

-          Nuestra madre recibe dinero por tres vías al menos, el sueldo (la unión de los sueldos de ambos progenitores), la aportación de los hermanos, y el porcentaje de los beneficios de la privatización de las “áreas” de la casa.

 

-          Nuestro padre, aparte de su sueldo (o la parte correspondiente …) utiliza su posición para acceder a la bolsa común que utiliza en su beneficio.

 

-          Nuestros hermanos “privatizadores” obtienen un jugoso beneficio por el uso de los elementos en su poder e incluso ahora, entre ellos llegan a acuerdos de diverso tipo ora por cubrirse huecos ora por unificar fuerzas e incluso pagar a otro de mis hermanos para que realice el trabajo duro de mantenimiento, adaptación, conservación y mejora de dichas zonas.

 

-          El resto de hermanos aportamos para el buen gobierno de nuestra casa, obtener mejoras de forma directa, y pagamos religiosamente por el uso de las zonas anteriormente comunes.

 

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